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La fibromialgia desde la óptica homeopática

Homeopatía
La fibromialgia desde la óptica homeopática

La Homeopatía nace en 1796 cuando Samuel Hahnemann expone los principios que la sostienen.

Esta medicina nació porque su descubridor no estaba de acuerdo con los métodos tan agresivos que se utilizaban en su época, y que todavía hoy en día lo continúan siendo. La idea que él tenía era que  la medicina no podía ser dañina para el enfermo y que la curación debe de realizarse de la forma más pronta, suave y permanente. Un organismo que continuamente siente sufrimiento, no está curado, está paliado, pero no está curado.

Siendo como era un prestigioso médico, decide, en una "crisis de conciencia", abandonar la práctica de la medicina y dedicarse a traducir libros de medicina, (Hahnemann llegó a dominar 12 idiomas), desde Hipócrates pasando por la literatura médica árabe e introduciéndose en la época medieval, con los escritos de Paracelso.

Hahnemann fue un sabio que logró sintetizar todo ese saber médico, en el cual el concepto de que el organismo está gobernado por una energía interna que es capaz de restablecer la salud, le hizo creer que podía existir una medicina que actuara potenciando la tan conocida vix medicatrix.

Surgió así el concepto que él denominó fuerza vital. Este sería el primer principio de la Homeopatía, pero todavía le faltaba lo más difícil: encontrar como poder estimular las fuerzas naturales sin dañar el organismo. Fue por una casualidad, traduciendo la Materia Médica de un médico escocés llamado William Cullen, donde éste describe las fiebres que reproducía la quinina cuando era manipulada por trabajadores que la descargaban de las barcas que la traían del Perú. Hahnemann se dijo a sí mismo "si una sustancia es capaz de reproducir unos síntomas en organismos sanos, esta misma sustancia debería  tener la capacidad de curar síntomas similares"; así empezó a experimentar consigo mismo la quinina, el azufre, el arsénico, la belladona, etc… estaba empezando a nacer la famosa  "ley de similitud". Nosotros conocemos las virtudes de los remedios porque los hemos experimentado en nosotros mismos desde hace más de 200 años ¿qué otra ciencia médica posee este conocimiento de los medicamentos que utiliza?

El segundo gran descubrimiento de Hahnemann fue el comprobar que a mayor dilución de la sustancia, mayor acción terapéutica, lo que se denomina dosis infinitesimales, ya que poseen mayor capacidad de activar la fuerza vital.

Al ir madurando estos conceptos Hahnemann comprobó además que cada enfermo posee una forma diferente de padecer, por tanto es requisito indispensable para ejercer la Homeopatía la individualización del enfermo y la prescripción del remedio que tenga mayor similitud con su padecimiento.

Cito todas estas referencias para que comprendan que en Homeopatía, indistintamente del nombre que se le haya puesto a una enfermedad, ésta no tiene porque alarmarnos, pues nosotros tratamos la totalidad de la persona y no al nombre de la enfermedad.

Menciono todos estos conceptos homeopáticos para explicar su aplicación en fibromialgia, esta supuesta nueva enfermedad, que ya existía antes, con diferentes nombres de reumatismo.

En homeopatía la tratamos como cualquier otra patología que nos acude a la consulta, pues aplicamos el diagnóstico de semejanza con el enfermo. En concreto, es una enfermedad que se adecua mucho al tratamiento homeopático, ya que cuando no hay una etiología segura causante de un malestar, la ciencia médica oficial empieza a recetar sin orden y perjudicando más que ayudando.

En Homeopatía, la Fibromialgia la curamos teniendo en cuenta la totalidad del enfermo; es decir, investigamos qué otras molestias acompañan al enfermo para intentar buscar un remedio que posea la totalidad característica de éste. Se sorprenderán si les digo que muchas de las veces aplicamos el diagnóstico sin tener en cuenta los tipos de dolores que sufren los enfermos e incidiendo mucho en aquellos otros síntomas que individualizan al paciente. Así, pueden imaginarse que existen muchos remedios que nos son útiles en el tratamiento de la fibromialgia, pues existen “muchos tipos de fibromialgias”. La enfermedad debe ser  tratada como un todo y no como una parte del enfermo.

Para que entiendan un poco más del uso de la Homeopatía en esta enfermedad, el homeópata pregunta las horas del día en que el paciente está peor, qué tiempo le sienta peor, qué comida le puede sentar mal, qué bebida, qué situaciones le empeoran, qué cambios anímicos o mentales acompañan etc… resumiendo, la homeopatía, lo que pretende en la fibromialgia, es devolver al enfermo su capacidad para luchar contra la enfermedad. Además, el enfermo tiene que saber que nuestros remedios no son tóxicos.

Signos y exámenes des de la perspectiva clínica tradicional

El diagnóstico de fibromialgia requiere una historia de por lo menos tres meses de dolor generalizado además de dolor y sensibilidad en, por lo menos, 11 a 18 sitios de puntos sensibles. Estos sitios comprenden tejido fibroso o músculos de:

  • Brazos (codos)
  • Nalgas
  • Tórax
  • Rodillas
  • Región lumbar
  • Cuello
  • Caja torácica
  • Hombros
  • Muslos

Algunas veces, se realizan pruebas de laboratorio y radiografías para ayudar a confirmar el diagnóstico, descartando otras afecciones que pueden presentar síntomas similares.

 

Antes he hecho referencia a que la fibromialgia se adecua al tratamiento homeopático por una simple razón: nosotros poseemos elementos de diagnóstico diferentes a la medicina oficial, y, como dijo en su día Hipócrates: "cúrese con contrarios aquellas enfermedades de causa conocida, cúrese con semejantes aquellas enfermedades de causa desconocida".

Hecho este comentario, inclusive con la terapia homeopática, veía como enfermos no reaccionaban suficientemente bien al tratamiento homeopático siendo el remedio utilizado el más semejante a su padecer.

Esos casos me perturbaban, hasta que comprendí que este tipo de enfermos necesitan remedios desbloqueantes, para luego, proseguir el tratamiento con el remedio más individual.

Así, a los homeópatas, les recomiendo que siempre empiecen con el remedio homeopático Carcinosinum, para luego, continuar con alguno de estos remedios que se han mostrado como bastante efectivos. Son:

Arnica
Bryonia
Hypericum
Rhus Tox 
Causticum 
Cimifuga (Actea Racemosa) 
Kalmia Latifolia 
Pulsatilla 
Ruta Graveolens
Phosphorus 
 

Joan Gasparin

Director del Institut Homeopàtic de Catalunya

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